“La biología es una carrera en la que se necesita tener muchísima dedicación y gran pasión”

Conversamos con la investigadora argentina Cintia Acuña, Dra. en Biología en el Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular de INTA Castelar. 

Es fundamental que haya fluidez entre quienes estamos en el laboratorio y quienes están en el campo trabajando con la gente y los problemas cotidianos. Sin este ida y vuelta sería difícil, porque nosotros no nos enteramos de los problemas reales y ellos tampoco saben que tienen un montón de tecnologías disponibles para encarar esos problemas”.

La Dra. en Biología, Cintia Acuña es investigadora en el Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABiMo) INTA-CONICET en INTA Castelar y profesora adjunta en Genética en la Universidad Nacional de Luján. Desde muy pequeña, a Cintia le atrajo estar en contacto con la naturaleza. Siempre supo que quería dedicarse a una profesión relacionada con los animales y las plantas, pero fue en los últimos años del secundario que descubrió la carrera de Biología. 

Aunque comenzó estudiando Biología Marina en la Universidad Nacional de Mar del Plata, por cuestiones económicas regresó a Buenos Aires y luego de muchos años de esfuerzo se recibió de Licenciada en Ciencias Biológicas en la Universidad Nacional de Luján. “Para mí, el primer logro de recibirme fue impensado, porque hice toda la carrera trabajando al mismo tiempo y soy la primera universitaria de mi familia. Después, durante mi doctorado, tuve a mis dos hijos y también fue un gran sacrificio. Por eso, agradezco cada día poder dedicarme a lo que me apasiona y con lo que soñé desde chica”, reflexiona Cintia.  

 

¿De qué se ocupa exactamente la biología?

La biología es una rama de las ciencias naturales muy amplia, ya que estudia todo aquello que tenga vida o que esté relacionado con la vida, desde las moléculas que forman a un ser vivo, a ese ser vivo en relación con individuos de su misma especie, cómo se heredan esos caracteres de padres a hijos, cómo se relaciona esa especie con el ecosistema, ese ecosistema con la biósfera, etc.. 

 

¿Cómo describirías tu trabajo diario como bióloga?

Cuando me preguntan de qué trabajo, siempre respondo que mi trabajo es pensar, hacerme preguntas, que algo me genere curiosidad y descubrir cómo se lo puede abordar. Creo que la biología es una carrera en la que se necesita tener muchísima dedicación y gran pasión. Como biólogos, nuestra tarea principal es realizar investigaciones científicas, pero también hay muchas empresas que piden desarrollos o consultorías sobre impacto ambiental, por ejemplo.

 

¿Cuál fue tu primera investigación?

Empecé en el 2001 realizando mi tesis en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Castelar y desde aquel momento me quedé en ese grupo de trabajo sobre genómica en especies forestales. En los últimos años incorporamos las especies frutales. Somos uno de los grupos pioneros en realizar los primeros estudios de ADN forestales dentro del país. En cuanto a especies frutales, abordamos ciruelos y la nuez pecan para conocer la variabilidad que hay en estos cultivos y la posibilidad de mejoras. 

 

A diferencia de lo que se puede tener en el imaginario sobre un biólogo, se realiza mucho trabajo en conjunto e interdisciplinario. 

Absolutamente. Muchas veces trabajamos con inquietudes que nos acercan los productores o los ingenieros forestales (por ejemplo, la necesidad de árboles que resistan a la sequía). Es fundamental que haya fluidez entre los biólogos que estamos en el laboratorio con los profesionales que también hacen investigación, pero que están en el campo trabajando con la gente y los problemas cotidianos. Sin este ida y vuelta sería difícil, porque nosotros no nos enteramos de los problemas reales y ellos tampoco saben que tienen un montón de tecnologías disponibles para encarar esos problemas. A su vez, también trabajamos en conjunto con distintas disciplinas/áreas de la biología como, por ejemplo, la biología del patógeno (plagas que atacan a los árboles y plantas). Este intercambio constante es aprendizaje puro.

 

¿Creés que falta visibilización en la sociedad acerca del trabajo de los biólogos y su importancia? 

Sí, pero también creo que nos cuesta bajar nuestro conocimiento al público en general. Es un ejercicio para el que no nos formaron, aunque algunos tengamos mayor o menor capacidad para hacerlo. Pero no hay dudas de que nuestra obligación es darle a conocer a la sociedad qué estamos haciendo. Me parece que en los últimos años hay un poco más de espacio en los medios para hablar sobre ciencia, pero hay que seguir trabajando en eso y crear interés en la gente por querer saber. 

 

¿Y cuál es el principal aporte que las ciencias biológicas le otorgan a la población?

Lo que sucede es que no es tan fácil ver cómo influyen en la sociedad las investigaciones básicas a diferencia del desarrollo de una vacuna o de cierto producto. Sin embargo, todo lo aplicado viene de una investigación previa, por ejemplo, bacterias que se aplican en la parte biotecnológica para la producción de alimentos. Por otro lado, hay muchos aportes que no se ven de forma directa sino a nivel global en el planeta y tampoco se ven en el momento sino a futuro, como el trabajo que se realiza en ciertos ecosistemas para su conservación. 

 

¿Cuáles son los desafíos y las satisfacciones diarias que conlleva ser bióloga?

Para ser biólogo, o ser investigador en general, tenés que tolerar la frustración, porque muchas veces intentamos hacer algo que no sale ni en la primera ni en la segunda prueba. Eso es parte del aprendizaje: pensar qué pudo haber pasado e ir probando. Lo ideal es reconocer ese error y aprender de eso para ir construyendo el conocimiento. Por eso, cuando un ensayo sale bien es una gran satisfacción. También cuando publicamos un paper, cuando se financia un proyecto o cuando un compañero tiene un logro después de muchos años de investigación. 

 

¿Como mujer te costó hacerte camino en tu ámbito laboral?

Aunque no fue lo que me pasó a mí, en mi época no estaba muy contemplado ni bien visto que una mujer tuviera familia al mismo tiempo que realizaba su doctorado. Por otro lado, en los cargos jerárquicos más altos de nuestra profesión siempre hubo varones. Ahora, de a poco, eso se está igualando, y algunas becas sí contemplan la maternidad. Son luchas que se fueron ganando con los años y aún queda mucho por hacer.

 

Hace muchos años que también sos docente, ¿qué es lo que más te gusta de enseñar esta profesión?

Siempre quiero transmitir el entusiasmo y la curiosidad. También quiero mostrarles a los alumnos que hay otra forma de estudiar, que no es de memoria ni de forma mecánica, sino tratando de comprender, haciéndose preguntas e interactuando con los profesores y compañeros. Por otro lado, hay muchos alumnos que estudian y trabajan, y me gusta incentivarlos para que no bajen los brazos ni abandonen, porque todo se puede lograr si es lo que uno desea y disfruta.

 

¿Tenés nuevos proyectos en puerta?

¡Siempre! Ahora tratamos de comenzar una línea de epigenética de árboles forestales, que no tiene que ver solamente con el estudio del ADN sino con modificaciones posteriores del mismo que también influyen en cómo es un árbol. Por ejemplo, cómo un mismo árbol se comporta distinto en un ambiente que en otro, y eso no tiene que ver con su ADN sino con cambios que hay en el mismo. Sería muy bueno que se pueda aplicar a futuro en el mejoramiento concreto de los árboles, porque es algo que no existe hoy en día y me tiene muy entusiasmada.

 

¿Qué aporto a tu vida personal tu camino recorrido como bióloga?

Muchas cosas, pero principalmente que he podido conocer personas de distintos lugares y aprender de ellas. También me enseñó la importancia del trabajo en equipo y de comprender a otros. Y sobre todo, la satisfacción de aprender cosas nuevas constantemente.