Del campo a tu mesa: de esto se trata cuando hablamos de sistemas agroalimentarios

Para la FAO, los sistemas agroalimentarios involucran un conjunto de acciones que están interrelacionadas. Así, cultivar, cosechar y recolectar, pescar, criar animales, almacenar, elaborar, transportar, vender, comprar, cocinar, comer y desechar forman parte de estos complejos sistemas.

Empezando por el principio

Muchas veces, y para simplificar, nos centramos en las primeras etapas de producción de alimentos y específicamente hablamos de sistemas de producción agropecuaria. Podemos decir que estos sistemas de producción agropecuaria nacieron hace más de 10.000 años, cuando el ser humano pasó de ser nómade a ser sedentario y empezó a proveerse sus propios alimentos. Es desde aquel momento que, como humanidad, venimos impactando y modificando los ecosistemas. Hoy entendemos a los agroecosistemas como ecosistemas manejados y/o adaptados por el ser humano para la producción agrícola, forestal, pecuaria y/o acuícola. Independientemente del nombre que le queramos dar a uno u otro sistema de producción agropecuaria (convencional u orgánico, extensivo o intensivo, agrícola, ganadero, forestal o mixto), cada sistema tiene sus particularidades y todos pueden coexistir en armonía. Básicamente la producción agropecuaria es una cuestión de administrar el agroecosistema.

Una red productiva 

En el agroecosistema tenemos la interacción del ambiente (suelo, clima) con el cultivo que se quiere producir (maíz, trigo, soja, algodón, papa etc.), los factores que pueden afectar esa producción (disponibilidad de agua, eventos climáticos, malezas, insectos plaga y enfermedades) y el ser humano tomando decisiones respecto a los procesos a implementar y los insumos a usar (rotación de cultivos, elección de variedades, monitoreo y tratamientos con pesticidas, fertilización, sistema de siembra, entre muchos otros). Incluso, cada producción dentro del agroecosistema es por si misma un sistema, por ejemplo, sistema de plantas en un cultivo, y cada planta, a su vez, es un sistema en sí misma. Lo interesante y desafiante es que la producción final es el resultado de muchas interacciones entre diversos factores en cada nivel y de muchas decisiones basadas en ciencia y experiencia que se van entrelazando. 

Las tecnologías derivadas de la llamada “revolución verde”, como el mejoramiento genético vegetal, primero por cruzamiento y selección artificial, ahora también mediante técnicas de ingeniería genética, el uso de fertilizantes y la mejora en la protección de los cultivos con pesticidas cada vez más eficaces y seguros, fueron los desarrollos que más impactaron sobre nuestra capacidad de procurarnos alimentos, fibra y energía como humanidad. En Argentina, además, el sistema de siembra directa combinado con los cultivos transgénicos, la incorporación de cultivos de servicios (sin finalidad de cosecha) en la rotación de cultivos y el manejo por ambientes, son tecnologías que, sumadas a las anteriores, permitieron más que triplicar la producción agrícola en los últimos 25 años, mientras que la superficie cultivada solo se multiplicó por 2,2.

El desafío de producir alimentos de cara al futuro

Frente al desafío de tener que producir cada vez más y mejores alimentos para una población en constante crecimiento, y considerando que cada vez necesitamos más superficie para vivir, así como los potenciales efectos del cambio climático en la producción, es imperioso que día a día seamos más eficientes en producir alimentos, fibra y energía, cuidando el ambiente, para poder generar más en menor superficie.

Para esto, es clave, primero, entender bien el ambiente donde nos encontramos, conocer sus potencialidades y sus principales riesgos o amenazas. Luego debemos conocer las tecnologías y conocimientos disponibles, y analizar, para cada caso, cuál es la mejor manera de combinarlas para lograr producir más alimentos seguros por unidad de superficie, manteniendo o mejorando los recursos naturales de manera rentable. En este sentido, es fundamental tener una mirada sistémica, apegarse a las buenas prácticas agropecuarias (BPA), y seguir explorando y aprendiendo, basados en la ciencia, independientemente del abordaje de los agroecosistemas que se elija. Claramente, las nuevas tecnologías constituyen una herramienta imprescindible para complementar con los conocimientos adquiridos y seguir mejorando y avanzando hacia una producción agropecuaria más productiva y sostenible desde el punto de vista ambiental, económico y social.

Todos somos parte

El trabajo diario de miles de personas, productores agropecuarios, trabajadores rurales, investigadores, vendedores, transportistas, entre muchas personas más, tiene un rol fundamental para cumplir con el complejo desafío de producir cada vez más y mejores alimentos cuidando los recursos, pero es sólo el primer paso. Luego tenemos que considerar y trabajar en mejorar los otros aspectos de los sistemas agroalimentarios de los que todos participamos (comprando, manipulando, cocinando, desechando alimentos, etc.). Debemos buscar mejorar la eficiencia en la distribución de alimentos, la manipulación y seguridad de lo que comemos y el aprovechamiento de lo producido, combinando los alimentos de la forma más nutritiva y disminuyendo el desperdicio.

 


Imagen de portada: Spencer Davis - Unsplash