Bárbara McClintock y los transposones

En 1947, Barbara McClintock, investigadora del Departamento de Genética de Cold Spring Harbor, Estados Unidos, presentó el primer informe sobre un sorprendente fenómeno genético observado en el maíz: la existencia de genes capaces de saltar de un cromosoma a otro.

McClintock se había interesado en una serie de cruzamientos que daban como resultado la aparición de espigas de maíz con manchas rojas, azules y marrones, que se desviaban de las leyes de Mendel. Concentró su atención en el cromosoma 9, ya que éste proporcionaba cambios de coloración fácilmente observables. Sus trabajos la llevaron a pensar en que debían existir elementos genéticos capaces de escindirse de un lugar del cromosoma para insertarse en otra región. Si la inserción del elemento ocurría dentro de un gen, la expresión de este gen se veía afectada, al punto de alterar la producción de pigmentos en los granos de maíz en cantidades y localizaciones distintas a las esperadas por las leyes de la genética. Los científicos denominaron a estos elementos genéticos “elementos genéticos móviles” o “transposones”.

Cuando McClintock publicó sus resultados, la comunidad científica consideró al fenómeno de transposición como una rareza propia del maíz. En realidad, su descubrimiento contradecía lo que hasta ese momento había sido considerado como un verdadero dogma de la genética: los cromosomas se heredan en unidades discretas y estables. Pero desde los trabajos de McClintock se han descubierto elementos móviles en bacterias, levaduras, insectos, otras plantas, e inclusive en humanos. Se los ha asociado a mutaciones, en algunos casos relacionadas con enfermedades y en otros, con la variabilidad genética. En particular, hoy se sabe que los transposones juegan un papel fundamental en la evolución de los genomas de las plantas.

Por el descubrimiento de los transposones, Bárbara McClintock recibió el Premio Nobel en 1983, cuando tenía 81 años.

cerrar