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Publicado el : 30-07-2008
Aunque viven desde hace millones de años en las costas chilenas, nadie las había investigado en profundidad. Hasta ahora, porque biólogos de la Universidad de Concepción, junto con Craig Venter, investigan sus potencialidades, como la producción de hidrógeno y amoníaco y la creación de explosivos y medicinas.El fondo marino chileno sigue mostrando su gran potencial. Científicos de la Universidad de Concepción liderados por el biólogo marino Víctor Ariel Gallardo estudian el genoma de macrobacterias (Biggiatoa spp.) y megabacterias (Thioploca spp.), habitantes de las costas del norte de Chile hasta Arauco, entre los 20 y 200 metros de profundidad, en terrenos arcillosos, con mucha materia orgánica y muy poco oxígeno. Los microorganismos descubiertos miden entre 10 y 90 micrómetros de diámetro en el caso de las megabacterias (una bacteria normal no llega a los 10 micrómetros) y hasta 7 centímetros de largo. Las macrobacterias alcanzan los 10 micrómetros de diámetro y hasta 3 centímetros de largo. Los organismos podrían ser utilizados en la industria minera, farmacéutica y en la medicina. Las megabacterias fueron descubiertas en 1962, durante la Expedición Mar Chile II, son visibles a simple vista y en abundancia, en las aguas casi sin oxígeno de la plataforma continental. Las macrobacterias, en la misma ubicación geográfica, fueron avistadas en 2004. "Todas viven en ambientes que antes se consideraban desprovistos de vida. Aparte de la vida microbiana que está en todas partes, estas grandes bacterias habían pasado inadvertidas", señala Gallardo. Las macrobacterias "seguramente son descendientes de las primeras bacterias que poblaron los sedimentos del planeta, hace dos o tres mil millones de años", asegura el biólogo. Las bacterias logran alcanzar gran tamaño, pues en reemplazo del oxígeno utilizan el nitrato contenido en el agua para vivir y reciben su energía del ácido sulfhídrico, un gas tóxico que se encuentra en el sedimento marino, con el que se alimentan. Según el biólogo, "cada célula tiene un espacio en su interior, que ocupa casi el 90% de su volumen, donde acumula el nitrato, tal como buzos tienen su tubo de oxígeno. Se asoman al agua y llenan su tanque de nitrato y les sirve para respirar, luego vuelven al interior del sedimento y absorben el hidrógeno sulfurado, su alimento. Tienen un gran tanque y pueden concentrar 20 mil veces el nitrato que obtienen del agua, pudiendo estar dos años sin salir a buscar más", asegura Gallardo. Por el momento, no se conocen las potencialidades de las bacterias encontradas en Chile, pues están siendo analizadas en Estados Unidos. Gallardo ha trabajado con Craig Venter (conocido mundialmente por haber generado un borrador del genoma humano), y gracias a sus propios contactos, el apoyo de la Universidad de Concepción y Fondecyt, ha logrado avanzar en sus investigaciones. "Hay muchos laboratorios que actualmente trabajan en ellas en el resto del mundo avanzado y estamos tratando de lograr intensificar y profundizar los estudios locales. Creemos que es necesario tener acceso a estos recursos vivos marinos, que no son los peces ni mariscos, que es a los que se les pone más atención. Creo que esto va a cambiar o ya está cambiando pues estos recursos novedosos podrían contener los genes, proteínas y enzimas que podrían biotecnológicamente contribuir a solucionar varios de los problemas que acosan a la humanidad y a nuestro país en particular", enfatizó el biólogo.
10 07 La Nación |